Diseñar y construir una vivienda desde cero es un proyecto emocionante, pero requiere una planificación económica sumamente rigurosa. A diferencia de la compra de un inmueble ya construido, la autoconstrucción cuenta con una alternativa de financiación específica conocida como hipoteca para autopromotor.
Si estás valorando esta opción para tu primera vivienda, comprender la mecánica de este producto contribuirá a una mejor planificación.
¿Cómo funciona una hipoteca para autopromotor?
La principal particularidad de un préstamo para autopromotor radica en la forma en que se dispone del capital. El banco no entrega la totalidad del dinero de una sola vez al firmar las escrituras. En su lugar, el importe se va liberando de forma paulatina en diferentes fases o tramos a medida que avanza la obra:
- Fase inicial o tramo suelo: Al inicio de la operación, el banco suele liberar un porcentaje inicial para arrancar los trabajos y realizar los primeros pagos a la constructora.
- Fase de certificaciones: Conforme avanza la construcción, un arquitecto técnico emite las denominadas certificaciones de obra. Tras la validación de estos informes, la entidad bancaria va entregando nuevas partidas económicas para cubrir los costes de cada etapa.
- Fase de fin de obra: Una vez completada la edificación, y tras aportar la licencia de primera ocupación junto al certificado final, el banco entrega el último tramo (que suele oscilar entre el 10% y el 20%).
Durante todo el periodo que duran las obras de construcción, es habitual que el préstamo contemple un periodo de carencia de capital. Esto significa que, temporalmente, solo se pagan los intereses correspondientes a las cantidades de dinero de las que ya se haya dispuesto, aliviando la carga financiera mensual del promotor.
